"Las primeras obras de esta exposición datan de 2020 y 2021, justo después de que terminara de clasificar la obra de mi amiga Isabel Baquedano. Mi tentativa de volver a la escultura ha estado guiada por su recuerdo —cómo ella confiaba la obra misma a las vicisitudes del acto mismo de pintar—, tomándome la libertad de dedicarme a ello día a día sin preocuparme por si lo hago bien o mal.
Siento como si no hubiera pasado mucho tiempo desde entonces, tal vez porque las piezas necesitaban aislarse de la vertiginosa velocidad de lo que está sucediendo en el mundo, donde las cosas parecen surgir de la nada y volver a la nada sin dejar rastro. Y me gustaría creer que, habiéndonos comprometido a desmantelar los significantes maestros de nuestras aventuras, y convirtiéndonos así en huérfanos de narrativas totalizadoras, tendríamos que prestar mucha atención a las pequeñas «invenciones» que surgen inesperadamente, cargadas de contingencia, es cierto, pero conscientes de lo que no tiene nombre y, con toda probabilidad, respaldando la libertad de lo que hacemos (...)".
Ángel Bados
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