16.05.2025
31.07.2025
Inauguración 16 May 18:00
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CarrerasMugica tiene el agrado de presentar del 29 de mayo al 30 de julio 'Zuretzat', quinta exposición individual en la galería tras las realizadas en 2006, 2009, 2014 y 2019.
→ Pello IrazuEn "El crimen perfecto", afirmaba Baudrillard: ... la imagen ya no puede imaginar lo real, ya que ella misma lo es. Ya no puede soñarlo, ya que ella es su realidad virtual. Es como si las cosas hubieran engullido su espejo y se hubieran convertido en transparentes para sí mismas, enteramente presentes para sí mismas, a plena luz, en tiempo real, en una transcripción despiadada.
¿Una imagen tiene masa? ¿Tiene tamaño? ¿Ocupa? ¿Se puede tocar? Pello Irazu, con las esculturas de esta exposición, parecería responder afirmativamente. Sus objetos se desmaterializan ante la mirada del espectador atento hasta el punto de convertirse en imágenes, y aun así, transmutados en mera virtualidad, mantienen algunas de sus características originales. Puede que la razón de la existencia de estos objetos no sea otra que la de incidir en un síntoma contemporáneo.
La materialidad nos acerca al objeto. Incluso desde la lejanía, somos capaces de percibir su proximidad, sentir el roce de sus superficies, su temperatura, su peso...La materia apela a la piel y propende al contacto, ambiciona que el espacio se encoja, que la distancia se acorte. La materia quiere envolvernos, con su abrazo amoroso, con delicadeza, aunque, en ocasiones, el gesto torne violento, y quiera aplastarnos, desplazarnos, negarnos el acceso al lugar que ella ocupa.
Hay situaciones en las que la materia entra en el juego de las especulaciones, en la fatalidad de las imágenes. La superficie pulida, los cristales o las láminas de agua, reflejan y nos alertan de que la imagen es una estado inaccesible de la materia. Narciso puso a prueba esta verdad incontestable, buscó el cuerpo de la imagen y la materia líquida anego su hálito hasta matarlo.
Por otro lado, el trampantojo-que algunos de estos objetos son- alude a una realiada material que se disfraza de otra con la ayuda cómplice de la imagen. Cuando, ademas, se trata de un readymade-un producto manufacturado que reemplaza a otro, una viga de poliuretano que imita otra de roble-, nos habla tambien de un gusto social por lo simulado, lo inauténtico, nos habla de una preferencia por lo visual sobre otras propiedades.
Cuando la imagen se apodera por completo de la corporalidad, cuando la objetividad de su presencia física se desplaza hacia un tipo de presencia más allá de la fisicidad, estaríamos, según Benjamin, en el territorio de lo aurático; el ámbito de las distancias ambiguas o resultados cambiantes, las proximidades que se experimentan como lejanías, allí donde lo familiar se percibe extraño. Un extrañamiento que se manifiesta en las esculturas de esta exposición, como de una alquimia, que transforma materiales-muy matéricos, hasta el punto de proceder del desecho mismo, de los restos no metabolizados del consumo social, de la basura- en un fulgor radiante, que apercibe sobre la inestabilidad, del desamparo y la instatisfacción de una cultura que ha renunciado a su suelo para adentrarse en el viaje incierto de las realidades inaprensibles, de la incertidumbre y la relatividad.
En "El crimen perfecto", afirmaba Baudrillard: ... la imagen ya no puede imaginar lo real, ya que ella misma lo es. Ya no puede soñarlo, ya que ella es su realidad virtual. Es como si las cosas hubieran engullido su espejo y se hubieran convertido en transparentes para sí mismas, enteramente presentes para sí mismas, a plena luz, en tiempo real, en una transcripción despiadada.
¿Una imagen tiene masa? ¿Tiene tamaño? ¿Ocupa? ¿Se puede tocar? Pello Irazu, con las esculturas de esta exposición, parecería responder afirmativamente. Sus objetos se desmaterializan ante la mirada del espectador atento hasta el punto de convertirse en imágenes, y aun así, transmutados en mera virtualidad, mantienen algunas de sus características originales. Puede que la razón de la existencia de estos objetos no sea otra que la de incidir en un síntoma contemporáneo.
La materialidad nos acerca al objeto. Incluso desde la lejanía, somos capaces de percibir su proximidad, sentir el roce de sus superficies, su temperatura, su peso...La materia apela a la piel y propende al contacto, ambiciona que el espacio se encoja, que la distancia se acorte. La materia quiere envolvernos, con su abrazo amoroso, con delicadeza, aunque, en ocasiones, el gesto torne violento, y quiera aplastarnos, desplazarnos, negarnos el acceso al lugar que ella ocupa.
Hay situaciones en las que la materia entra en el juego de las especulaciones, en la fatalidad de las imágenes. La superficie pulida, los cristales o las láminas de agua, reflejan y nos alertan de que la imagen es una estado inaccesible de la materia. Narciso puso a prueba esta verdad incontestable, buscó el cuerpo de la imagen y la materia líquida anego su hálito hasta matarlo.
Por otro lado, el trampantojo-que algunos de estos objetos son- alude a una realiada material que se disfraza de otra con la ayuda cómplice de la imagen. Cuando, ademas, se trata de un readymade-un producto manufacturado que reemplaza a otro, una viga de poliuretano que imita otra de roble-, nos habla tambien de un gusto social por lo simulado, lo inauténtico, nos habla de una preferencia por lo visual sobre otras propiedades.
Cuando la imagen se apodera por completo de la corporalidad, cuando la objetividad de su presencia física se desplaza hacia un tipo de presencia más allá de la fisicidad, estaríamos, según Benjamin, en el territorio de lo aurático; el ámbito de las distancias ambiguas o resultados cambiantes, las proximidades que se experimentan como lejanías, allí donde lo familiar se percibe extraño. Un extrañamiento que se manifiesta en las esculturas de esta exposición, como de una alquimia, que transforma materiales-muy matéricos, hasta el punto de proceder del desecho mismo, de los restos no metabolizados del consumo social, de la basura- en un fulgor radiante, que apercibe sobre la inestabilidad, del desamparo y la instatisfacción de una cultura que ha renunciado a su suelo para adentrarse en el viaje incierto de las realidades inaprensibles, de la incertidumbre y la relatividad.