22.09.2022
02.12.2022
Inauguración
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CarrerasMugica tiene el agrado de presentar a partir del 22 de septiembre Tizas gran formato, tercera exposición de Rafael Ruiz Balerdi en la galería.
→ Rafael Ruiz BalerdiPinto para conocerme, para conocer el miedo y probablemente para vencerlo.[1]
En ella podrán verse once obras de gran formato que aunque realizadas con pasteles y ceras sobre papel de estraza ocre se conocen como “tizas”. Ruiz Balerdi empezó a utilizar esta técnica en Paisaje imaginario(1978) después de un viaje a China. En el período de 1980 a 1985, “de ebullición creativa”, empleó esta técnica mayoritariamente y realizó un gran número de exposiciones en España, Francia y Alemania.
Balerdi no pintaba algo preexistente; sólo organizaba formas y colores. Su mano se movía como en estado de trance y creaba líneas y manchas de color. No elaboraba “imágenes referenciales”, pero en el resultado se podían encontrar elementos comunes a los de una descripción naturalista, elementos comunes a los de una elaboración plástica de las apariencias: distancias, profundidades, densidades, claros, zonas espejeantes, zonas opacas. Una vez más el encuentro entre el psicograma informalista y la avidez por la apariencia del mundo sensorial […].
Pasteles y ceras le permitieron dos cosas al mismo tiempo: la brillantez del color y el manejo vertiginoso de la mano. El papel, barato, ligero, manejable, formaba parte, aunque secundaria, del hallazgo. La feliz imagen que empleó Calvo Serraller para describir su modus operandi, la del sismógrafo no sólo sirve para describir el imparable movimiento de su mano, amplio o milimétrico, meticuloso o de trazo grueso, sino también el movimiento continuo del soporte, la infinita sustitución del papel vacío, la posibilidad constante de volver a empezar. O de continuar. Porque una de las sensaciones más fuertes que transmite su obra es la de su continuidad […].
[…] las referencias a la pureza de su obra y a la ausencia en ella de funciones significativas y patéticas no deben hacer pensar en un desmedulamiento intelectual, en un acto meramente físico o en un automatismo descerebrado. Muy al contrario se hace en los pasteles muy patente, por debajo de una primera apariencia caótica, la potencia mental del pintor, su férrea capacidad de ordenamiento, su dominio del espacio […][1].
[1] El Diario Vasco, 12 de febrero de 1982
[2] Javier Viar: Balerdi. La experiencia infinita, Ed. Sala de exposiciones Rekalde (Bilbao) y Koldo Mitxelena (Donostia-San Sebastián).
Pinto para conocerme, para conocer el miedo y probablemente para vencerlo.[1]
En ella podrán verse once obras de gran formato que aunque realizadas con pasteles y ceras sobre papel de estraza ocre se conocen como “tizas”. Ruiz Balerdi empezó a utilizar esta técnica en Paisaje imaginario(1978) después de un viaje a China. En el período de 1980 a 1985, “de ebullición creativa”, empleó esta técnica mayoritariamente y realizó un gran número de exposiciones en España, Francia y Alemania.
Balerdi no pintaba algo preexistente; sólo organizaba formas y colores. Su mano se movía como en estado de trance y creaba líneas y manchas de color. No elaboraba “imágenes referenciales”, pero en el resultado se podían encontrar elementos comunes a los de una descripción naturalista, elementos comunes a los de una elaboración plástica de las apariencias: distancias, profundidades, densidades, claros, zonas espejeantes, zonas opacas. Una vez más el encuentro entre el psicograma informalista y la avidez por la apariencia del mundo sensorial […].
Pasteles y ceras le permitieron dos cosas al mismo tiempo: la brillantez del color y el manejo vertiginoso de la mano. El papel, barato, ligero, manejable, formaba parte, aunque secundaria, del hallazgo. La feliz imagen que empleó Calvo Serraller para describir su modus operandi, la del sismógrafo no sólo sirve para describir el imparable movimiento de su mano, amplio o milimétrico, meticuloso o de trazo grueso, sino también el movimiento continuo del soporte, la infinita sustitución del papel vacío, la posibilidad constante de volver a empezar. O de continuar. Porque una de las sensaciones más fuertes que transmite su obra es la de su continuidad […].
[…] las referencias a la pureza de su obra y a la ausencia en ella de funciones significativas y patéticas no deben hacer pensar en un desmedulamiento intelectual, en un acto meramente físico o en un automatismo descerebrado. Muy al contrario se hace en los pasteles muy patente, por debajo de una primera apariencia caótica, la potencia mental del pintor, su férrea capacidad de ordenamiento, su dominio del espacio […][1].
[1] El Diario Vasco, 12 de febrero de 1982
[2] Javier Viar: Balerdi. La experiencia infinita, Ed. Sala de exposiciones Rekalde (Bilbao) y Koldo Mitxelena (Donostia-San Sebastián).