20.12.2019
07.03.2020
Inauguración
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CarrerasMugica tiene el agrado de presentar SÓLO UN TEMBLOR/DARDARA, cuarta exposición individual del artista Pello Irazu tras SILUETASMASASSOMBRASPERFILESBULTOSESPECTROSLEYENDASDESECHOSESPANTOS realizada en 2014
→ Pello IrazuLa trayectoria de Pello Irazu a lo largo de estos últimos treinta años se ha caracterizado por su dedicación a los problemas de lo escultórico con un carácter extremadamente abierto que, en el plano material, no solo se vehicula a través de una multitud de formatos, materiales y dispositivos, sino que lo hace también mediante expresiones consideradas graficas como el dibujo –en su concepto más amplio– o la pintura mural. Por otro lado, en el ámbito de las referencias, alusiones o apelaciones a la realidad –al conjunto de las representaciones que la configuran –, su trabajo está plagado de deslizamientos entre el signo material, plástico, y el resto de signos circulantes en lo social. En ambos casos las dimensiones propias de sus variadas expresiones no son sino la concentración de un espacio relacional de múltiples dimensiones siempre atravesado por lo escultórico.
La muestra que se presenta reúne varias esculturas y dibujos realizados durante 2019 y dos intervenciones murales derivadas de dos dibujos de 1989. L1 se extiende como una gran anamorfosis sobre el muro y L3 ablandando sus formas originales deviene en un cuerpo que cuestiona el carácter virtual del mural. Ambas tratan de poner en cuestión la precisa y funcional arquitectura del espacio expositivo.
Los murales acogen, fragmentan y reordenan su entorno.
Las esculturas se posicionan.
Algunas de las claves del trabajo de Irazu, desde su aparición en el panorama de la escultura de los ochenta, y aún presentes en sus nuevas piezas, residen en las ideas de presencia, material, color, superficie, escala y percepción. En sus orígenes su escultura se desarrolló fundamentalmente sobre hierro y madera que más tarde fueron sustituidas por contrachapados y posteriormente por elementos fundidos. La pintura y la materia depositada sobre cualquiera de estos soportes acentuaba el carácter hibrido y objetual que su obra ha tenido en cada uno de sus distintos periodos.
La esculturas actuales alternando la cadencia de las relaciones formales y materiales y el impacto gestual, se ordenan sobre distintos momentos del proceso que funcionan como fases temporales que lo cuentan todo de si mismas, aproximándonos a una escultura mutable en la que pasado y futuro cristalizan como imagen.
Encontrar el equilibrio preciso en el cual se vaya silenciando el ruido del proceso y las difusas fronteras entre las múltiples posibilidades de la escultura se vuelvan nítidas y claras, constituye una clave del trabajo.
De hecho, la presencia de objetos reconocibles y volúmenes soldados o fundidos, tienen también un desarrollo más complejo en lo gestual y lo difuso. Lo que aparentemente es forma definida se da, en gran parte, gracias a espacios más libres en los que lo impreciso y lo desdibujado adquieren una mayor presencia.
Las nuevas esculturas de Irazu son de concreción formal, de acumulación de posibilidades visuales superpuestas, con matices mutantes y con un desarrollo casi geológico en el que como el temblor que anuncia la crisis, la suma de gestos interiores conforma la capa visible de la superficie.
La trayectoria de Pello Irazu a lo largo de estos últimos treinta años se ha caracterizado por su dedicación a los problemas de lo escultórico con un carácter extremadamente abierto que, en el plano material, no solo se vehicula a través de una multitud de formatos, materiales y dispositivos, sino que lo hace también mediante expresiones consideradas graficas como el dibujo –en su concepto más amplio– o la pintura mural. Por otro lado, en el ámbito de las referencias, alusiones o apelaciones a la realidad –al conjunto de las representaciones que la configuran –, su trabajo está plagado de deslizamientos entre el signo material, plástico, y el resto de signos circulantes en lo social. En ambos casos las dimensiones propias de sus variadas expresiones no son sino la concentración de un espacio relacional de múltiples dimensiones siempre atravesado por lo escultórico.
La muestra que se presenta reúne varias esculturas y dibujos realizados durante 2019 y dos intervenciones murales derivadas de dos dibujos de 1989. L1 se extiende como una gran anamorfosis sobre el muro y L3 ablandando sus formas originales deviene en un cuerpo que cuestiona el carácter virtual del mural. Ambas tratan de poner en cuestión la precisa y funcional arquitectura del espacio expositivo.
Los murales acogen, fragmentan y reordenan su entorno.
Las esculturas se posicionan.
Algunas de las claves del trabajo de Irazu, desde su aparición en el panorama de la escultura de los ochenta, y aún presentes en sus nuevas piezas, residen en las ideas de presencia, material, color, superficie, escala y percepción. En sus orígenes su escultura se desarrolló fundamentalmente sobre hierro y madera que más tarde fueron sustituidas por contrachapados y posteriormente por elementos fundidos. La pintura y la materia depositada sobre cualquiera de estos soportes acentuaba el carácter hibrido y objetual que su obra ha tenido en cada uno de sus distintos periodos.
La esculturas actuales alternando la cadencia de las relaciones formales y materiales y el impacto gestual, se ordenan sobre distintos momentos del proceso que funcionan como fases temporales que lo cuentan todo de si mismas, aproximándonos a una escultura mutable en la que pasado y futuro cristalizan como imagen.
Encontrar el equilibrio preciso en el cual se vaya silenciando el ruido del proceso y las difusas fronteras entre las múltiples posibilidades de la escultura se vuelvan nítidas y claras, constituye una clave del trabajo.
De hecho, la presencia de objetos reconocibles y volúmenes soldados o fundidos, tienen también un desarrollo más complejo en lo gestual y lo difuso. Lo que aparentemente es forma definida se da, en gran parte, gracias a espacios más libres en los que lo impreciso y lo desdibujado adquieren una mayor presencia.
Las nuevas esculturas de Irazu son de concreción formal, de acumulación de posibilidades visuales superpuestas, con matices mutantes y con un desarrollo casi geológico en el que como el temblor que anuncia la crisis, la suma de gestos interiores conforma la capa visible de la superficie.