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Para ambos lados de la frontera

20.09.2017

09.12.2017

Inauguración

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CarrerasMugica tiene el agrado de presentar PARA AMBOS LADOS DE LA FRONTERA, primera exposición de Angel Bados en la galería y primera en Bilbao desde la que realizara en 1996 en Arsenal.

→ Ángel Bados

En cierta ocasión (creo recordar que la tarea que llevaba entre manos se acercaba al caos absoluto), la escultura se levantó frente a mí para declarar:

—“Soy lo que soy y tengo mi propia ley. (…) Podéis bajarme del pedestal al que me alzasteis o intercambiarme con otros objetos, llenarme de color como a las mejores imágenes sagradas o si preferís hacer de mí un puro esquema, pero bien sabéis que, antes y después de vuestras aventuras—a las que me entrego confiada—, solo yo puedo hacer de ese material carne enamorada, para así dar cuerpo al tiempo de la duración.  Y bien estaría que al ser estos los atributos simbólicos de la cualidad espacial que me adjudicáis los cuidarais con esmero.”

Quizá por ello solo me atreva ahora a defender para mi trabajo la raíz material del arte, con la esperanza de que alguna de las piezas alcance a levantarse como testimonio de lo que en el taller mueve el hacer entre consideraciones acerca del mundo que nos toca vivir o reflexionando interiormente sobre lo aprendido y disfrutado con el arte de siempre; pues no resulta fácil dar cuenta de unas esculturas que, aun “modeladas” con las manos, a veces escapan a lo ideado para resolverse sobre la pura contingencia, entre el sinsentido y la anarquía, con la sola ayuda de la fe que otorga el trabajo diario.

En este sentido cabe decir que, desde el primer movimiento material, la parte lógica de la estructura ha de soportar toda clase de roturas e imprevistos, como sucesos por donde prende el deseo, y para cuya satisfacción hay que echar mano ineludiblemente de un “hacer con lo que no se sabe” que, en mi opinión, es propio del obrar del Arte.

Respecto de la pregunta sobre los títulos o los temas, puedo decir que hace tiempo tomé la decisión de evitar los títulos para dejar que la obra emita su propio llamado, aunque es verdad que desde su inicio cada escultura promueve su identificación bajo distintos lemas, ya sea como tributo a otros artistas o como referencias al paisaje y la naturaleza, desde las manifestaciones masivas de la casa y la montaña a la hondonada y las cosas que la habitan. Así surgen Casa difícil de guardar, Montaña Africana, La Cruz del Sur, Lalibela…, Con el permiso de Oteiza, Para I. B., ….

Pero la referencia al paisaje, también cultural, suele cruzarse con la mirada puesta en el arte árabe, ya sea hacia la economía material del espacio de su arquitectura, o frente a esa suerte de monumento religioso resuelto a veces con relatos bordados, a los que veo como prueba, digamos, de sostenibilidad simbólica frente almar de imágenes más y más explícitas de nuestra cultura. De ahí, tal vez, el uso en las esculturas de fotocopias casi siempre veladas, quiero pensar que como contrapunto a la imagen del consumo, pero también como treta para convertirla en material escultórico.

No obstante, lo que, de una manera u otra, siempre está presente en el trabajo es un grupo de esculturas —Cajas Metafísicas, Homenaje a Klee, Tu eres Pedro…—que, al traicionar con buena traza el mandato experimental de su autor, alcanzan a dar cuerpo material al tema o idea subyacente, y que, por añadidura, actúan como respuesta a algunas de sus lecciones poéticamente más enigmáticas, fuere el caso de “(…) el tiempo lo pone el artista y ya nada ni nadie se lo quita”, que repetimos como un eslogan sin percatarnos de la verdad material que entrañan.

Circulando alrededor de estos motivos, la exposición podría tener como lema algún fragmento de la poesía de Al-Russafí de Valencia, poeta árabe del siglo XII, que vivió entre Valencia y Málaga, y cuyo verso Si el mar pudiera hacerse de jardines ha resonando con frecuencia durante el largo periodo de residencia y trabajo en Bilbao. Pero igualmente podría  titularse La escultura como resto, dada la militancia de las piezas en la escultura frente a su fragmentación disciplinar; o bien, A pesar de Oteiza, por aquello de la sentida traición ejercida por algunos de nosotros, escultores de Bilbao.

Aunque, si me lo permitís, podríamos nombrarla Para ambos lados de la frontera.

Angel Bados

Bilbao, verano del 17

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En cierta ocasión (creo recordar que la tarea que llevaba entre manos se acercaba al caos absoluto), la escultura se levantó frente a mí para declarar:

—“Soy lo que soy y tengo mi propia ley. (…) Podéis bajarme del pedestal al que me alzasteis o intercambiarme con otros objetos, llenarme de color como a las mejores imágenes sagradas o si preferís hacer de mí un puro esquema, pero bien sabéis que, antes y después de vuestras aventuras—a las que me entrego confiada—, solo yo puedo hacer de ese material carne enamorada, para así dar cuerpo al tiempo de la duración.  Y bien estaría que al ser estos los atributos simbólicos de la cualidad espacial que me adjudicáis los cuidarais con esmero.”

Quizá por ello solo me atreva ahora a defender para mi trabajo la raíz material del arte, con la esperanza de que alguna de las piezas alcance a levantarse como testimonio de lo que en el taller mueve el hacer entre consideraciones acerca del mundo que nos toca vivir o reflexionando interiormente sobre lo aprendido y disfrutado con el arte de siempre; pues no resulta fácil dar cuenta de unas esculturas que, aun “modeladas” con las manos, a veces escapan a lo ideado para resolverse sobre la pura contingencia, entre el sinsentido y la anarquía, con la sola ayuda de la fe que otorga el trabajo diario.

En este sentido cabe decir que, desde el primer movimiento material, la parte lógica de la estructura ha de soportar toda clase de roturas e imprevistos, como sucesos por donde prende el deseo, y para cuya satisfacción hay que echar mano ineludiblemente de un “hacer con lo que no se sabe” que, en mi opinión, es propio del obrar del Arte.

Respecto de la pregunta sobre los títulos o los temas, puedo decir que hace tiempo tomé la decisión de evitar los títulos para dejar que la obra emita su propio llamado, aunque es verdad que desde su inicio cada escultura promueve su identificación bajo distintos lemas, ya sea como tributo a otros artistas o como referencias al paisaje y la naturaleza, desde las manifestaciones masivas de la casa y la montaña a la hondonada y las cosas que la habitan. Así surgen Casa difícil de guardar, Montaña Africana, La Cruz del Sur, Lalibela…, Con el permiso de Oteiza, Para I. B., ….

Pero la referencia al paisaje, también cultural, suele cruzarse con la mirada puesta en el arte árabe, ya sea hacia la economía material del espacio de su arquitectura, o frente a esa suerte de monumento religioso resuelto a veces con relatos bordados, a los que veo como prueba, digamos, de sostenibilidad simbólica frente almar de imágenes más y más explícitas de nuestra cultura. De ahí, tal vez, el uso en las esculturas de fotocopias casi siempre veladas, quiero pensar que como contrapunto a la imagen del consumo, pero también como treta para convertirla en material escultórico.

No obstante, lo que, de una manera u otra, siempre está presente en el trabajo es un grupo de esculturas —Cajas Metafísicas, Homenaje a Klee, Tu eres Pedro…—que, al traicionar con buena traza el mandato experimental de su autor, alcanzan a dar cuerpo material al tema o idea subyacente, y que, por añadidura, actúan como respuesta a algunas de sus lecciones poéticamente más enigmáticas, fuere el caso de “(…) el tiempo lo pone el artista y ya nada ni nadie se lo quita”, que repetimos como un eslogan sin percatarnos de la verdad material que entrañan.

Circulando alrededor de estos motivos, la exposición podría tener como lema algún fragmento de la poesía de Al-Russafí de Valencia, poeta árabe del siglo XII, que vivió entre Valencia y Málaga, y cuyo verso Si el mar pudiera hacerse de jardines ha resonando con frecuencia durante el largo periodo de residencia y trabajo en Bilbao. Pero igualmente podría  titularse La escultura como resto, dada la militancia de las piezas en la escultura frente a su fragmentación disciplinar; o bien, A pesar de Oteiza, por aquello de la sentida traición ejercida por algunos de nosotros, escultores de Bilbao.

Aunque, si me lo permitís, podríamos nombrarla Para ambos lados de la frontera.

Angel Bados

Bilbao, verano del 17

Obras destacadas
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SIN TITULO

2010

Piedra, cristal, papel, tela

40 x 22 x 31 cm

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SIN TITULO

2014

Madera, carton, tela

73 x 76 x 53 cm

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FRONTON

2014

Madera, piedra, carton, tela, alambre de acero

48 x 30 x 37 cm

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SIN TÍTULO

2011

Escayola, madera, tela, papel

50 x 47 x 32 cm

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SHIFTER II

2010

Piedra, carton, plástico, papel

48 x 40 x 15 cm

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SIN TÍTULO

2011

Escayola, madera

53 x 55 x 22 cm

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SHIFTER III

2010

Cartón, tela, papel

83 x 62 x 21 cm

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PALESTINA

2012

Cartón, madera, tela

47 x 49 x 22 cm

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SIN TÍTULO

2012

Madera, tela, piedra

20 x 29 x 23 cm

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SIN TÍTULO

2013

Madera, cartón, cristal

33 x 34 x 42 cm

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SIN TÍTULO

2013

Madera, cartón, cristal

47 x 38 x 37 cm

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SIN TÍTULO

2007

Madera, papel, cristal

18 x 15 x 46 cm

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SHIFTER I

2007

Cartón, madera

59 x 59 x 19 cm

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SIN TÍTULO

2007

Cristal, piedra, papel

26 x 27 x 34 cm

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MONTAÑA AFRICANA III

2013

Madera

53 x 46 x 45 cm

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MONTAÑA AFRICANA II

2013

Madera, papel

47 x 45 x 31 cm

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CAJA DIFÍCIL DE GUARDAR

2012

Cartón, madera, papel, plástico

47 x 35 x 24 cm

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PROLETARIO

2013

Cartón, tela

26 x 40 28 cm