
Desde su aparición en el panorama de la escultura de los ochenta, algunas de las claves del trabajo de Pello Irazu residen en las ideas de presencia, material, color, superficie, escala y percepción, elaborando el carácter hibrido y objetual que su obra ha tenido en cada uno de sus distintos periodos. La trayectoria de Irazu se ha caracterizado por su dedicación a los problemas de lo escultórico con un carácter extremadamente abierto que, en el plano material, se vehicula a través de una multitud de formatos, materiales y dispositivos, incorporando también expresiones consideradas gráficas como el dibujo –en su concepto más amplio– la fotografía o la pintura mural. Por otro lado, en el ámbito de las referencias a la realidad –al conjunto de las representaciones que la configuran–, su trabajo está plagado de deslizamientos entre el signo material, plástico, y el resto de signos circulantes en lo social. Las dimensiones propias de las variadas expresiones de su trabajo, no son sino la concentración de un espacio relacional de múltiples resonancias siempre atravesado por lo escultórico.
Pello Irazu (Andoain, 1963) vive y trabaja en Bilbao. Licenciado en Bellas Artes por la UPV-EHU, en 1988 recibió el premio ICARO y en 1990 la beca Fullbright, año en el que además fue seleccionado para participar en el Aperto de la Bienal de Venecia. Su obra se encuentra en colecciones como MACBA, Fundación La Caixa, Mumok (Viena), Museo Reina Sofía, Museo Patio Herreriano, CA2M y Museo Marugame Hirai (Japón) entre otros. En 2017 el Museo Guggenheim Bilbao le dedicó una retrospectiva.