
La potencialidad inherente que Taxio Ardanaz (Pamplona, 1978) busca y ofrece en su práctica se asemeja a la definición de “signo tensor” que establece Amador Fernández Savater. Un principio de posibilidad precipitado por un “signo cualquiera, normal, serializado” que moviliza el deseo, que despierta una célula durmiente preparada para la aventura: “Al acti- varse, el tensor abre un espacio-tiempo laberíntico, donde las conexiones posibles se multiplican, los encuentros resplandecen, donde no sabemos muy bien dónde vamos; cada tensor abre un laberinto nuevo, incomparable. (…) abre la vía de la creación de sentido.”2 De esta forma, en su propuesta pictórica e instalativa se actualizan los significados de las imágenes de acervos culturales que se repiten incesantemente en nuestros imaginarios. Rescoldos de incendios que aún están vivos. Luces plausibles de la historia para revoluciones por venir que no pueden ser neutralizadas por el poder. Guías posibles que desde el ojo y el cuerpo movilizado por el impulso estético dan herramientas para lidiar con nuevas construcciones de modos de vivir.
Taxio Ardanaz (Pamplona 1978) vive y trabaja en Bilbao. Es licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco y ha ampliado su formación con artistas y comisarios como Julie Mehretu, Esther Ferrer, Itziar Okariz, Andrés Duque, Miroslaw Balka o Peio Aguirre. En los últimos años ha realizado residencias en Italia (Real Academia de España en Roma), el Kurdistán Iraquí (Amna Suraka), Cuba (Artista x Artista), Austria (Kunsthaus Bregenz) y México (Oficina de Arte).