
Pertenezco a una generación (la del post-punk, la del “no future”) que estuvo muy marcada por un rechazo frontal a la cultura. La cultura era, de algún modo la encarnación del poder y de la opresión. A lo largo de mi trayectoria artística he ido entendiendo que lo que consideramos como clásicos representan en cada época un nivel de subversión equivalente a lo que hoy entendemos como tal y, por tanto, a diferenciarlos del uso normalizador que de ellos hace la cultura oficial.
Desde los inicios de mi práctica, hay dos vectores paralelos que siempre han estado presentes de una forma más o menos explícita:
-uno, el modo de la presencia femenina en el arte
-dos, la puesta en cuestión de los elementos plásticos que tradicionalmente han definido la escultura como un arte vinculado a nociones consideradas básicamente masculinas, como la fuerza, la dureza, la prevalencia de lo físico, un sujeto seguro de sí mismo, etc., y sus diferentes reevaluaciones en los diferentes momentos de mi trayectoria.
Ana Laura Aláez (Bilbao) vive y trabaja en Mallorca. Estudió en la Facultad de Bellas Artes de la UPV y partcipó en los talleres de Arteleku impartidos por Ángel Bados. Ha participado en la Bienal de Estambul (1997), en la sección “Apertutto” de la 48ª Bienal de Venecia (1999) comisariada por Harald Szeemann, en la 2ª y 3ª Bienal de Busan (2002 y 2004), en el Pabellón Español de la 49ª Bienal de Venecia (2001) y en la Bienal de Buenos Aires (2001). Ha expuesto en diversos museos como MUSAC (León), Guggenheim Bilbao, PS1 (Nueva York), Museo de arte de Helsinki, Palais de Tokyo (París), Hamburger Banhof (Berlin), Centro de Arte Santa Mónica (Barcelona) y Museo Reina Sofía (Madrid) entre otros. En 2013 recibió el premio Gure Artea por toda su trayectoria artística y su contribución al arte contemporáneo y la cultura.